La defensa acrítica de instituciones atacadas por el oficialismo fortalece al oficialismo

07/08/2026
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Por César Olivares

Siento la obligación de ampliar y justificar algunos conceptos en torno al apoyo a instituciones atacadas por el actual gobierno.

El principal factor de éxito del oficialismo ha sido y sigue siendo su ataque despiadado a las lacras institucionalizadas por los partidos que han gobernado el país en las últimas décadas. El repudio popular a los vicios del sistema fue capitalizado por Rodrigo Chaves para llegar a la presidencia y desde esa posición multiplicó de manera ascendente su discurso antisistema y con ello logró más y más apoyo. Los nuevos gobernantes no terminaron con esas lacras, las reprodujeron con sus compadrazgos y cariñitos, pero la continuidad del discurso antisistema y el choque constante con representantes de instituciones desacreditadas le ha dado grandes réditos políticos.

La oposición, toda la representada por partidos que eligen diputados, cometió y sigue cometiendo el error de aferrarse al pasado, a los modelos del pasado, a las formas políticas del pasado. Su planteamiento principal es evitar un deterioro, defender lo que ha sido Costa Rica en las últimas décadas. Defender, precisamente, lo que el pueblo ya no quiere y la razón por la que se ha volcado al lado del oficialismo.

Se necesita mucha ceguera para no ver la magnitud del repudio creciente del pueblo a las fórmulas políticas del pasado. Fue evidente con la victoria electoral en el 2014 de un PAC que tenía el único atractivo de ser una opción diferente. Y volvió a ganar el PAC en el 2018 sin tener caudal propio, solo para evitar el triunfo de Liberación Nacional o de la Unidad Socialcristiana. Y también decepcionó el PAC. Nuevo experimento de algo distinto con Rodrigo Chaves en el 2022. Pero Chaves llegó a la presidencia para fustigar el sistema, para acercarse al pueblo con sus discursos incendiarios contra expresiones del sistema desprestigiadas.

Fue así como el oficialismo logró un triunfo rotundo en las elecciones nacionales de febrero.

Y la oposición política parlamentaria sigue defendiendo de manera acrítica las instituciones atacadas por el oficialismo.

El camino que considero correcto es muy complicado, difícil de recorrerlo en la práctica, aunque no sea compleja su formulación. En pocas palabras, no defender la vuelta al pasado sino la superación del pasado y del presente de la política. No llamar a conservar lo actual o lo del pasado para evitar un deterioro mayor, llamar a la lucha por avanzar, por mejores condiciones, por mayores libertades, por un nuevo orden social y político con mayor justicia social. Y organizar al pueblo para la lucha. Las mentes se transforman en el fragor del combate. En una pelea por sus derechos los trabajadores aprenden más de la realidad que en muchos años de discursos.

No defender a las universidades públicas tal como están, luchar por universidades más democráticas y de mayor excelencia, sin privilegios y sin corrupción.

No defender al ICE tal como es. No defender a la Caja tal como es. No defender a la Contraloría tal como es. Luchar por la excelencia de servicios, por controles efectivos, por limpiar todo lo malo que hay por ahí.

No defender el poder judicial tal cual. Los improperios del gobierno contra el poder judicial, su afán de controlarlo para hacerlo peor, no se combaten defendiendo al poder judicial pura y simplemente, de manera general y acrítica, por más que se quiera justificar como respuesta a una conocida campaña imperialista orientada a poner a su servicio los tribunales igual que pusieron a su servicio los ejércitos.

Esa defensa general y acrítica del poder judicial favorece los planes del gobierno porque debilita la lucha por mayor justicia, coloca ante los ojos del pueblo a los defensores del poder judicial a la sombra de sus vicios.

¿Será necesario recordar que la libertad sindical está prácticamente muerta en Costa Rica con la tolerancia del poder judicial? ¿Habrá que decir que los grandes negocios en perjuicio del pueblo se han hecho y se siguen haciendo sin que los tribunales actúen para frenarlos? Y los salarios congelados y las violaciones constantes a los derechos de los trabajadores y la vista gorda ante la evasión fiscal descarada, y la permanencia por décadas de magistrados de dudosa moral, y etcétera, etcétera, ¿vamos a ignorar toda esa montaña de decisiones y omisiones a favor de la clase dominante y contra el pueblo trabajador?

Cada cosa en su lugar y en su momento. No beneficia a los trabajadores la paralización de la Sala Constitucional porque se caería en una situación peor de completa indefensión y de toma del poder judicial por el gobierno. Defendamos entonces la decisión de la Sala Constitucional de extender el plazo de los suplentes. Hagámoslo sin avalar en general al poder judicial porque el aval general incluye implícitamente el aval de todas sus actuaciones en lo fundamental.

No es correcto llamar al pueblo a defender el poder judicial, lo correcto es llamarlo a defender la resolución de la Sala Constitucional y a repudiar el intento del gobierno de paralizarla y tomarla para caer en peor situación.

No es una cuestión de oportunidad. No. Es una cuestión política fundamental. Se está identificando a toda la oposición con un pasado repudiado por el pueblo. Gana el oficialismo.